Ocho policías municipales de Pénjamo, Guanajuato, terminaron tras las rejas. La Fiscalía y el Ejército los detuvieron por presuntos delitos, pero los detalles, como siempre, se los guardan bajo siete llaves. Un recordatorio de que a veces, el que cuida el rebaño, también puede ser lobo.
Mire usted, qué cosas nos toca contar en esta vida. Uno que ya tiene años en esto de andar con la libreta y la grabadora, cree que ya lo ha visto todo, pero siempre sale un nuevo capítulo que lo deja a uno con la boca abierta. Y es que, como dice el viejo refrán, “cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde”.
Pues con la novedad de que en Pénjamo, allá por Guanajuato, la cosa se puso color de hormiga. Imagínese nomás: ocho policías municipales, los que se supone que nos cuidan mientras dormimos a pierna suelta, amanecieron esposados. Sí, así como lo oye. No fue en una persecución de película, ni en un operativo contra narcos de esos que salen en la tele. Fue ahí, en su propio cuartel, donde la Fiscalía General del Estado, con el apoyo de nuestros valientes del Ejército, les echó el guante.
La noticia, que soltó la Fiscalía este sábado, es más bien escueta, como carta de amor de soldado: que los detuvieron por su “probable participación en eventos delictivos”. ¡Órale! ¿Y cuáles eventos? Ah, mi estimado lector, ahí está el meollo del asunto, el “pero” del mariachi. Los nombres y rangos de estos ocho ‘compas’ uniformados, así como los delitos que les atribuyen, los tienen guardados bajo siete llaves. Como cuando uno esconde el tesoro, ¿verdad? Puro misterio.
Dicen que todo esto viene de un jale de inteligencia, de esas investigaciones de campo y de escritorio que hacen los que saben. Y que la acción, “en estricto apego a la legalidad”, busca “garantizar que toda conducta ilícita sea investigada y sancionada conforme a derecho, sin excepción”. Bonitas palabras, ¿verdad? Pero uno no puede evitar rascarse la cabeza y pensar: ¿Y qué pasó con el “sin excepción” cuando estos mismos andaban en lo que andaban?
Ahora, estos ocho van a ser presentados ante un juez penal, que será el que decida qué tanto “calienta el sol” en su caso. A ver si se aclara el panorama o si sigue la neblina. Porque una cosa es que te digan “la ley es pareja”, y otra es verla pareja de verdad, sin importar si traes placa o no.
Y como si un relajo no fuera suficiente, por otro lado, las fuerzas federales y del estado anduvieron haciendo su agosto en el municipio de Villagrán. Ahí, en la zona donde dicen que el Cártel Santa Rosa de Lima tiene su “oficina”, se vio un despliegue de militares, marinos, Guardia Nacional y policías estatales, por tierra y por aire. Patrullas por todos lados, en Torrecilla y Santa Rosa de Lima. ¿El objetivo? ¿Los resultados? Pues hasta el momento, puro silencio. Como cuando el mariachi se queda sin aliento, ¿sabe?
Así andan las cosas por esos rumbos. Un día, los que deberían ser los guardianes, resultan ser los sospechosos. Y al otro, un gran operativo que no nos dicen para qué fue. Cosas de nuestro México, donde a veces la realidad supera cualquier telenovela.









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